Ipiales (Nariño)
mayo 30 de 1960
 
     
Mujer esperando respuesta, 2003. Óleo sobre lienzo, 160 x 140 cm

Autodidacto. Maestro en Ates Plásticas de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.Ha expuesto en Venezuela, Yugoslavia, Panamá y Colombia. Su obra se encuentra en diversas colecciones privadas internacionales.

Exposiciones

1976 Realiza su primera muestra individual en la Casa de la Cultura de Ipiales

1984 Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, Unitadeo 30 años, Exposición de Egresados de la Facultad de Bellas Artes

1985 Se gradúa como Maestro en Bellas Artes de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano

1987 Fundación Gilberto Alzate Avendaño, Salón de Agosto. Bienal del Humor y la Sátira en las Artes, Gabrovo, Bulgaria

1989 Bienal del Humor y la Sátira en las Artes, Gabrovo, Bulgaria

 

Aunque siempre ha pintado mujeres de viento y fuego, a las que encanta con el color que esparce sobre los lienzos con su espátula rápida como una eyaculación precoz, en este autorretrato, cuando las modelos ya descansan de los ajetreos pictóricos, y sólo están presentes en su mente, el pintor y su modelo, en la soledad de su estudio, se divierten jugando con los espejos.

***

El universo central de mi pintura es la mujer.

Yo pienso que la mujer, es un universo en sí mismo, que merece toda la dedicación del hombre.

Aquí es cuando yo podría hablar de lo onírico. De los sueños que en más de una ocasión me han hostigado.

Creo que pocas mujeres me habían permitido desnudarme tanto como las que habitan en mis cuadros.

Luis Cabrera

***

La arbitraria división del tiempo marca en Occidente un cambio de siglo y milenio. Ajeno a estas pequeñeces que se supone deben determinar las acciones humanas, impregnándolas de modernidad, un pintor, entre pocos, prevalece en el acto trascendente de componer superficies de color.

Luis Cabrera conoce bien su oficio y entiende con lucidez que la frontera final de la pintura es un punto de referencia utópico al que nunca se llegará.

Nada limita más al artista que la historia del arte. Nada aniquila tanto sus posibilidades como el tener que ser contemporáneo por compromiso con la crítica, los historiadores y los espectadores.

¿Con qué derecho se le impone a otro la dirección de una ruta tan íntima como la de la creación plástica? ¿No es la historia del arte oficial, la ficción, una gran novela escrita por un grupo humano en una etapa de tiempo?

Válida o no, esta historia, es en suma un camino entre muchos que se dejaron de lado. Por uno de ellos transita Cabrera a sabiendas de que no posee tampoco la verdad. A sus espaldas carga sus obsesiones y demonios. De algún modo él es su propia frontera.

Fernando Guinard

 
 
               
 
 
Autorretrato, 2000. Óleo sobre lienzo, 170 x 120 cm
               
 
  Decir Luis Cabrera es decir magia telúrica. Elíxir Dionisiaco y Apolíneo. Porque este pintor, nacido en Ipiales, en la edad en que empieza a madurar el artista plástico, es un Merlín contemporáneo, como el gusta llamarse, un encantador del color, de la bruma del paisaje conturbador en la geografía misteriosa del cuerpo de la mujer.Luis Cabrera cavila así sobre su vida y su obra.

En esta ocasión debo asumir un nuevo reto: el breve diálogo de las imágenes. En mis días y noches, generalmente sólo, asumo el reto de mi trabajo solitario de la pintura. En ese frecuente monólogo de imágenes me siento como pez en aguas turbulentas, pero al fin y al cabo en mi medio y mi afortunada condena.

Mi arte proviene de la soledad. En él ven los hombres reflejados sus propios fantasmas como en un filme de Bergman.

Soy pintor del sur, pero más que del sur geográfico, del sur metafísico, ese sur que suena a mar y soledad. Mi pueblo, Ipiales, es Temuco, es Comala, ese desierto frío habitado por fantasmas alegres que beben continuamente y festejan su propia angustia de existir. Mi inocencia perdida, mi sur, mis lejanos recuerdos conforman esa estructura onírica que lejos de ser triste habita en mis cuadros como una atmósfera de nostalgia.

La pintura no se debe explicar. Hacerlo es como hacer preámbulos para decirle a una mujer cuánto se la quiere.

Lo lúdico es serio. Es un asunto demasiado serio. Y lo lúbrico, en estos momentos, lo más serio que puede haber. Empero, me doy el placer de jugar sobre la tela con esos dos estados de ánimo.

Mi color preferido es el filosofal.
En la Edad Media se hablaba de la Piedra filosofal. Que era como una pretensión inalcanzable.

El color parte de una actitud espiritual. Por ende no se puede aprender. Ni se puede enseñar. El color es irracional. Yo no puedo decir nunca cuando estoy trabajando, aquí va este color o este otro. Es un orden que pertenece a otras esferas. A estados mágicos.

Soy un pintor de caballete, un pintor tradicional. Un prestidigitador de las formas. Muy a pesar de los Conceptual-Naifs, creo y asumo la pintura romántica, la pintura de todos los tiempos. A pesar del desarrollo tecnológico, soy un pintor del devenir al cual sólo se le puede reprochar el no ser líneal, para nuestra fortuna.

Mi único compromiso con esta realidad son los sueños y temores, los deseos y fatigas espirituales, las grandes satisfacciones por lo bello. Y la mujer, metáfora telúrica de insaciable búsqueda, a cuya eterna sonrisa le debo mi entrega y mi consagración, mis pesadillas y mi felicidad.
 
 
   
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