PRENSA Y SENSACIÓN

Por Jotamario Arbeláez

Al hombre que puso la poesía en estado de alerta, la regó por todo el País y la insufló de manera indeleble en el alma de la juventud, ahora se le quiere desconocer el título de poeta. Por fortuna para su prosa, se dice, la dedicó al periodismo. Pero creo que fue para pagar su plato de fríjoles, única comida diaria que se permitía ya avanzada la noche, que tuvo que alquilar su pluma a la prensa. Era además la posibilidad abierta de mantenerse en contacto con su público y con sus escritores amigos.

La pasión por la creación le quitaba el sueño. Gracias a su insomnio y a su máquina de escribir de letras cuadradas dejó un caudal de literatura asombrosa expresada en todos los géneros: el poema, el cuento, la novela, el teatro, el ensayo, el panfleto, la carta. Su correspondencia se considera entre las más bellas de la tierra. Muchas de sus obras inéditas conocieron el fuego. Se encuevaba para la poesía y solo para practicar el periodismo retornaba al mundo de los humanos. Al sol. Y en el periodismo hizo a su vez maravillas: reportajes, crónicas, comentarios de arte y de libros, artículos, columnas. Era un periodismo de hostigamiento. Pero también de un lirismo blasfemo y un tono juguetón y sarcástico.

Con la fundación del nadaísmo se le abrieron unas puertas y se le cerraron otras. Entre las siempre abiertas estuvieron las cárceles y las redacciones de los periódicos. Gonzalo sabía como capturar al lector, atraparlo y envolverlo. Los policías sabían hacer lo propio con él.

Todos los periódicos de Colombia y todos sus suplementos publicaron sus colaboraciones, gratis y renumeradas. Tuvo columnas en El Tiempo (Signo de Escorpión y Bolsa de Valores), en La Nueva Prensa (Todo y Nada), en El País (El Callejón de las Chuchas), en El Heraldo (Heraldo Negro), y la Última Página de Cromos. Dirigió  durante ocho números su propia revista: Nadaísmo y fue colaborador estelar de Esquirla, La viga en el Ojo; El Ojo Pop y el suplemento de El Expreso, órganos nadaístas en

 
Gonzalo Arango

distintas épocas. En el semanario Contrapunto de Jaime Soto publicó por entregas sus memorias de presidiario. Los periódicos se compraban para leer a Gonzalo Arango, y Gonzalo Arango muchas veces no tenía para comprar los periódicos donde escribía.

      Don Camilo Restrepo, director de Cromos, lo hizo su pupilo. Le dio su voto de confianza y lo primero que hizo el Profeta fue presentar en una serie de entrevistas a sus compañeros de generación, mezcladitos con otros importantes personajes del mundo de la cultura. Y los altos personajes de la política comenzaron a aspirar a ser entrevistados por el insolente. Eso daba prestigio y puntaje. Gonzalo hizo una pocas incursiones en eso tan espinoso y tiró la toalla. Entonces se dedicó a narrar sus aventuras de su enrancia. Sus crónicas de Gonzalo el Simbad, en alta mar; o por los caminos de Francisco El Hombre; o en el Pacífico; en las islas de San Andrés y en el Vaupés.

Del itinerario periodístico de Gonzalo, en su primera fase, la de crónicas y entrevistas, da cuenta este libro. La segunda parte contendrá lo que fueron propiamente sus columnas. Hace diecisiete años que Gonzalo Arango leyó un periódico por última vez. Tal vez lo iba leyendo en el vehículo de servicio público cuando recibió la dentellada de un bólido. Sin embargo lo seguimos leyendo, como si fuera un escritor de ultratumba, porque entidades generosas quieren revivirlo en el corazón de la juventud, tan necesitada hoy de paradigmas.

Bogotá, marzo de 1993.

Prólogo de Reportajes, Gonzalo Arango, Volumen 1, Editorial Universidad de Antioquia, Colección de Periodismo dirigida por Juan José Hoyos. Primera Edición: octubre de 1993.
Texto de Jotamario por cortesía del autor.

Los reportajes fueron editados en dos volúmenes. En el primero hay un reportaje realizado a Gonzalo Arango por la periodista católica Lucy Nieto de Samper. Y hay reportajes muy sabrosos al maestro Fernando Botero, publicado en “El Colombiano de Medellín; a la mujer más importante en el campo de la cultura durante los últimos 50 años: Fanny Mickey; al director de las Lecturas Dominicales del periódico El Tiempo Eduardo Mendoza Varela; al periodista Hernando Giraldo; al filósofo y ensayista Uriel Ospina; al pintor Luciano Jaramillo; y a los nadaístas X 504, Jotamario, Eduardo Escobar, Pablus Gallinazo, Elmo Valencia y Humberto Navarro; a Maritza Uribe de Urdinola, gestora cultural e intelectual con espíritu de princesa intergaláctica; al escritor Fernando Soto Aparicio; a los poetas Rogelio Echavarría y Mario Rivero; al pintor, escritor y poeta Héctor Rojas Herazo; a los escritores Alba Lucía Ángel y Germán Pinzón; al fotógrafo Hernán Díaz; al abogado, editor y librero Alberto Aguirre; y al dibujante y artista conceptual Álvaro Barrios, entre otros, reportajes publicados en la revista Cromos entre 1965 y 1966.

     
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